1.9.06

¡Están locos estos romanos! ( y III )

Ahora que ya tenemos una idea aproximada de cómo era Calígula, nos podemos imaginar que no tenía demasiados simpatizantes. Con el tiempo se organizó una conjura para acabar con el déspota, conjura que lideró nuestro amigo Casio, fácil es averiguar los motivos.


El 24 de enero del 41, Calígula asistía a una representación en el teatro, "la muerte del tirano", representada por Mnester, su actor favorito y amante esporádico. Al terminar la obra, el emperador y su séquito se dirigieron a palacio, donde les esperaba un banquete. Hay que señalar que el tío Claudio, más preocupado por su hambre que por otra cosa, ya se encontraba allí, dispuesto a empezar el festín por su cuenta. Parece ser que en el comedor no había nadie más, pues mucho nobles habían oído hablar de la conjura y temían la reacción de la violenta guardia germana.


En un punto del trayecto esperaban Casio y sus leales. El primero en herir al tirano fue Casio. Luego lo fueron apuñalando el resto de los conjurados, muy al estilo romano. En cuanto corrió la noticia de que habían matado al emperador, la fanatizada guardia germana comenzó a asesinar a cuantos pudo. Penetraron en el teatro y cerraron las puertas, con intención de masacrar a todo el público que aún se encontraba allí. Sólo pudieron escapar gracias al rumor de que el emperador seguía vivo y se disponía a dirigirse al pueblo desde el palacio. Hacia allí se encaminaron entonces los germanos.


Mientras, el palacio estaba siendo objeto de rapiña por parte de los soldados encargados de custodiarlo. Asustado ante los acontecimientos, Claudio se escondió detrás de una cortina, con la mala suerte de que sólo le llegaba a las rodillas (muy espabilado no era, no) y fue descubierto por un grupo de soldados. Decididos a matarlo, salvó la vida porque uno de ellos le reconoció como a un “viejo loco inofensivo”, tal era la fama que tenía el tío del emperador.


Lo llevaron a un salón donde un grupo de oficiales estaba decidiendo el futuro de la nación. Al ver a Claudio, pensaron que lo mejor para Roma era un emperador nuevo, y que un viejo como Claudio no podía hacer mal a nadie. Le proclamaron pues emperador y así lo presentaron al pueblo.

Fue una buena solución, pues los temibles germanos, que todavía estaban atacando a todo aquel con el que se cruzaban, eran disciplinados y necesitaban un líder. Cuando vieron al nuevo cesar decidieron ponerse a sus órdenes y se acabó la revuelta.

Así fue como Claudio llegó a emperador. Y no se puede decir que hiciera un mal trabajo.


Por cierto, mandó ajusticiar a Mesalina y una vez libre se casó con Agripina y adoptó al hijo de ésta como propio. Cuando Claudio fue asesinado por su adorada esposa (le mató con una seta venenosa), le sucedió su hijastro, Lucio Domicio, más conocido como Nerón. Qué familia!

Se acabaron los romanos por un tiempo. Y ya es viernes! Buen fin de semana a todo el que nos deje un comentario.

4 comentarios:

In memoriam dijo...

Aunque, como usted perfectamente cita, está aceptada como causa de la muerte del Emperador Claudio Druso un guiso de setas que le sirviera su esposa Agripina, el efecto tóxico de estas pudo incrementarse debido a que su médico personal, Xenofón, le obligó a vomitar introduciéndole una pluma en la garganta. Hay quienes mantienen que, además, la pluma estaba también envenenada.
Una pena, porque Claudio no resultó tan mal Emperador como todos esperaban, ¿no cree?
Reciba un cordial saludo.

alcaper dijo...

Completamente de acuerdo

fridwulfa dijo...

Pues buen fin de semana. (lo que queda de él)

El Tipo de la Brocha dijo...

Debo discrepar respecto de la anotación que aquí se hace acerca de la inteligencia de Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico, quien, a pesar de sus evidentes taras físicas (era de constitución débil, epiléptico y tartamudo) y de la consideración que mereció para la mayoría de sus contemporáneos, fue una persona de inteligencia sobresaliente, no un vulgar idiota (aunque muchas veces su peculiar nerviosismo le condujera a comportarse como tal). Ello sin perjuicio de que fuera precisamente su aparente idiotez la que le permitió sobrevivir a las conjuras de su abuela Livia, esposa del emperador Augusto, y a los terribles reinados de Tiberio y Calígula.